martes, 18 de noviembre de 2014

Capitulo 6

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Entrar al colegio y encontrarme con el amigo de Paula agradeciéndome por haberla salvado me desestabilizó bastante. La noche anterior estuve pensando mucho, pensando cosas que realmente no debería pensarlas o más bien sentirlas. Todavía sigo sin entender la conexión que sentí con Paula, más allá de que si fue mutua o no, era algo que no podía permitirme, más allá de lo que se ve a simple vista: Ella mi alumna, y yo su profesor. Pero eso es otro tema.
Necesité cortar todo, porque me conocía, y sabía que era lo mejor –exagerando un poco y adelantándome a un supuesto futuro-.
Las horas de clases pasaron normal, hoy no tenía clase con su curso, pero si con el de su amigo que me enteré que se llama Gonzalo.

De ese día pasaron cuatro semanas, y yo ya me sentí enloquecer. Por más que quería alejar a Paula de mis pensamientos, el mundo se empecinaba en hacer totalmente lo contrario. En el correr de este tiempo me la crucé varias veces en el edificio, y a decir verdad no la veía nada bien, en algunas ocasiones la encontré con los ojos bastantes rojos, y la mirada triste-y eso me mató-. Muchas veces intenté preguntarle si algo le pasaba, porque más allá de que había dicho que me quería mantener al margen con ella esto simplemente me sobrepasaba. Desde el día que la conocí sentí una conexión-la bendita conexión que vengo hablando hace bastante- y ya pienso que si bien fue algo raro, extraño, por algo fue, y no quiero buscarle el porqué. No me interesa. Existe y listo, sea cual sea la razón.
Hoy era lunes y por ende tenia clase con su curso.
Me desperté tarde, no sentí el despertador, pero para mi suerte mi despertador biológico si lo sentí. Me duché a las apuradas al igual  tomé que el desayuno. Cuando estaba saliendo faltaban tres minutos para que el timbre toque, y me quería morir, y para mi mala suerte la tormenta que había era terrible. A la entrada del edificio me encontré a Paula, con su uniforme y mochila. De espalda.
-Paula-coloqué mi mano en su espalda y se dio vuelta- hola, ¿vas a colegio?
-Hola, em-dudó- sí.
-¿En qué vas? Llueve bastante y ya es tarde.
-Veo que llueve- dijo algo irónica- se suponía que mi padre debía venir a buscarme-.
-Capaz que por la lluvia está cortada alguna calle, no sé, pero… ¿queres que te lleve?-pregunté dudoso. Y si, hace dos semanas conseguí comprarme un auto.
-No, no, gracias, espero que venga mi padre o si no tomaré un taxi. Gracias igual.
-El timbre ya habrá tocado y yo soy bastante estricto con las llegadas tardes, eh-reímos juntos- dale, vamos que te llevo.
-Pero… ¿Qué van a decir si nos ven llegar juntos?
-Nada, nadie se dará cuenta, ya habrán entrado todos, y de ultima no estamos haciendo nada malo, dale, vamos que te llevo, ¿sí?-ella asintió tímida- aguántame que saco el auto.

-¿Puedo preguntarte algo?-estábamos los dos en el auto yendo al colegio, con una tardanza de cinco minutos. Ya había desistido de la idea de no acercarme a ella.
-Sí, claro-me miró por unos segundos y volvió su vista al frente-.
-¿Por qué has estado triste estos días?-me dedicó una mirada confusa- he notado en varias oportunidades que estas triste, sos bastante trasparente.
-Es algo complejo… no sé si da para hablarlo acá.
-Es entendible, y tampoco te sientas en la obligación de contármelo. Es solo que te noté un poco triste y bueno… Más allá de ser tu profesor, quiero que sepas, em, que podes confiar en mí, ¿sí?-ella me miró- a veces pienso que no debería meterme en esto, pero es más fuerte que yo-siempre exagerando un poco, pero era lo que sentía- vivimos recontra cerca-reímos- así que sabes que cualquier cosa estoy-y ella simplemente me dedicó la mirada más dulce que había visto en mi vida.
Y en algún punto me sentí un tarado estar diciéndole eso, y más cuando no nos conocíamos casi nada, pero fue una necesidad, algo que no pude manejarlo.
-C-dije y ella me miró sin entender- puerta C- solo sonrió y se bajó del auto ya que habíamos llegado.

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Todavía no podía creer todo lo que había pasado en este último mes. Si yo creía tener la familia perfecta estaba bastante equivocada, y el tiempo me lo demostró.
“Ya no siento lo mismo por tu madre. Decidimos tomarnos un tiempo” eso fue lo que mi padre me dijo un día, así de la nada. Y después de esa frase vinieron las mil y una peleas, las discusiones, los gritos, y yo entre medio, sin importarles un carajo como me sentía, como afectaba en mí su decisión.
Mi padre decidió irse del departamento, de la nada también, no intentó arreglar nada. Lo veía poco y nada a decir verdad, no conocía donde estaba viviendo, y cuando me pasaba a buscar para hablar lo hacía todo a las apuradas.
Igual lo peor fue que hace una semana comenzaron con los papeles del divorcio, y el tema de la tenencia, y ahí es donde yo entro, donde se toma en cuenta mi decisión, aunque la misma ya estaba clara: quería quedarme con mi madre. Pero la situación no era para nada lindo.
Dos días atrás le dije eso a mi padre, y su reacción no fue la mejor. Gritos, gritos y más gritos. La solución a todo eso era encerrarme en mi cuarto a escuchar música, y a pensar en Pedro. Sí. En él. Sinceramente era más fuerte que yo, y por lo que me dijo hoy también más fuerte que él.
Estas últimas semanas se preocupó bastante por mí, preguntándome como estaba, pero yo siempre trataba de evadirlo, evitar las respuestas. No quería involucrarme más con él, aunque ya lo había hecho casi inconscientemente.

La guerra campal número quinientos tres se estaba desatando en este preciso momento a causa de que mi padre no vino a buscarme hoy para llevarme al colegio. Sinceramente no lo soportaba más, no podía soportar escuchar a mis padres gritarse de tal forma, olvidándose todo el amor que en algún momento se tuvieron, olvidándose de que ahí estaba yo.
-¿Puede dejar de gritar?-pregunté con los ojos llenos de lágrimas cuando aparecí en el living- ¿pueden pensar en mí? Para ustedes debe ser complicada la situación, pero para mí lo es mucho más. Me hace mal escucharlos gritar de la manera en que lo hacen, no puedo-dije ya llorando- acá la que única que quedó en el medio de esta situación de mierda fui yo. Sepan que no es una situación linda para mí- y ellos simplemente me miraron, y al segundo comenzaron a echarse la culpa de porque estaba así yo.

Y en ese momento me acordé de Pedro, de la conexión rara que teníamos-porque ya lo llamábamos así- y de sus palabras. Lo necesitaba. 

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